De Cecilia Cruz
No comenzare con cifras alarmantes que indiquen el número de mujeres mexicanas que han sufrido una violación, es más, me aterra mencionarlo, solo con imaginar, cuanto dolor y carga emocional llevan consigo me aterra, cuantas van calladas, con el alma gritando de rabia y frustración, generándose miles de preguntas, renegando, deseando no haberlo vivido.
Fuerte ¿no?, me gustaría que solo fuera un relato, algo que no deja marca en tu vida y prácticamente no la arruina, desgraciadamente, no es así.
En entrevista con varios violadores de los cuales por cuestiones éticas no revelare sus nombres, me di a la tarea de investigar que detona en ellos el deseo irrefrenable por una mujer y como las eligen, todas las respuestas fueron básicamente iguales, deben de ser mujeres que les llamen la atención y despierten ese deseo sin dar un patrón particular de belleza, mujeres que a simple vista se vean vulnerables, ya que es una certeza que no se van a defender, sobre todo excluyen a mujeres que se vean seguras de sí mismas o agresivas, ya que definitivamente se van a defender con uñas y dientes.
Aquellos que han agredido a su familia, sean niñas pequeñas, adolescentes o inclusive mujeres adultas, coinciden, en que la naturaleza inicial, es el gusto de lo que ven constantemente, deben ser inseguras o sometidas por los padres o hermanos, tímidas, retraídas, o faltas de carácter, eso mismo impedirá que los delaten y podrán continuar con el abuso, ya que no se conforman con hacerlo una vez, necesitan reafirmar posesión y dominio sobre la víctima, alimentando su sentimiento de omnipotencia.
¿Qué pasa con esas mujeres a través del tiempo?, en pocos, muy pocos casos, se realiza denuncia ya que el miedo de generar un problema entre la familia es mayor, o la vergüenza, viven con el alma violada, el dolor físico paso, la vergüenza persiste, el recuerdo persigue y el miedo se aferra al cuerpo, en forma de delirio de persecución o sobreprotección a sus hijos o a pequeños familiares cercanos, llevando a cabo consejos extremos de, cómo no ser abusadas o abusados sexualmente, Pero… ¿Esto es correcto? Porque no en lugar de enseñarles cómo defenderse o que hacer en caso de vivirlo, les enseñamos patrones de conducta necesarios para no ser un blanco fácil.
Primero y antes que nada, fomentar seguridad en los menores, una sana comunicación entre padres e hijos es clave para que el menor aprenda a decir todo aquello que le acontece, sea bueno o malo, esa comunicación les dará la seguridad de decir ¡No!, ante un abuso o hablarlo en caso de que suceda, en las mujeres adultas o adolescentes, mantener una postura firme al caminar y no hacerlo con audífonos o escribiendo en el celular, mantenerse alertas a cualquier aspecto sospechoso que se presente y ser muy observadoras del camino habitual a casa o al trabajo.
Estos consejos son pocos a comparación de lo que tu intuición femenina te alerta, hazle caso y si te sientes en peligro entrar a un negocio, restaurante o acercarse a otra persona seria lo más conveniente.
Una violación es una marca perpetua en el alma, si no la trabajas con el profesional adecuado.
¡Vive feliz, vive sin miedo!


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