De Cecilia Cruz
Hoy me desperté de excelente humor como pocas veces, abrí la ventana y había un cielo precioso, todo iba de maravilla hasta que prendí la televisión: ¡Secuestros, robo, asesinato, asalto, muerte!, ¡ qué horror!
Voy a mi trabajo y más muerte, gente que sale de sus casas y por alguna circunstancia no vuelve, me genero muchas preguntas dentro del levantamiento y en muchas ocasiones las lágrimas comienzan a brotar sin permiso, me levanto inmediatamente porque no debo contaminar el lugar de los hechos, respiro, despejo la mente.
Termino mi trabajo y redactando informe, regresan las preguntas, no puedo divagar porque tengo un nuevo llamado, esta ocasión es un chico de entre 23 y 25 años tirado sobre el pavimento con la cabeza regada por el mismo, el colmo, bajo el puente, nuevamente comienzan las preguntas: ¿Por qué no eligió subir el puente, que era más importante o urgente que preservar su vida?
Este levantamiento fue muy pesado, me encuentro exhausta y tengo un nuevo llamado, aun ni siquiera desayuno hay que seguir, un suicidio, mujer 16 años, sus papas la encontraron en el baño con un montón de frascos de lo que presuntamente era medicamento.
¿Qué estaba pensando esta niña?, tenía toda una vida por delante, el llanto de su madre y las preguntas incesantes del ¡Por qué! Me están taladrando la cabeza, inmediatamente viene a la mente mi hija y comienzo a sentir miedo, miedo a pasar algo como esta pobre mujer al perder a su hija, miedo de que mi niña en algún momento se sienta sola por mi ausencia, por no darle todo el tiempo que me necesita, por no estar en momentos especiales.
Inevitablemente estoy divagando, cuando me doy cuenta ya casi terminamos la fijación, recolección de los indicios y evidencia, siento algo de culpa por la ausencia mental, repaso el lugar con la mirada y veo si es ese lapso de actuar automatizado hice algo mal, parece que no, esto no puede pasarme de nuevo, así que todo el camino de regreso me regaño una y otra vez con la plena convicción de que el siguiente lo hare de manera imparcial y fría.
Gracias a Dios no hay siguiente, mi día laboral termino con informes, papeleo y a tiempo, voy a casa, mi hija se encuentra en la escuela, ¡quiero verla!, en ocasiones como hoy, valoro cada segundo de la vida, no puedo permitirme tener otro guardia así, es poco ético y profesional y obviamente pierdo objetividad, esto es lo que yo elegí como carera, cada día me peleo conmigo en algún momento, sería terrible que por un descuido mío la justicia y dignidad de una familia se vea comprometida, mañana será diferente…


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