Consecuencias de Tener unos Padres Excesivamente Exigentes

En el presente artículo, vamos a analizar distintos resultados obtenidos en estudios enfocados en evaluar las implicaciones psicológicas que tienen a largo plazo en niños de 3 años la presencia de padres excesivamente exigentes.

Este tipo de educación la podemos ver retratada de manera paradigmática en determinados países de Asia como China. De hecho, es de estos países de donde proviene el concepto de madre tigresa. Pero, por supuesto, no es un ejemplo aislado, ya que si bien aparecen casos extremos en estos países, en el mundo occidental no es una práctica poco frecuente.

Ahora bien, teniendo en cuenta que es una costumbre bastante extendida en un alto porcentaje de familias de todo el mundo, qué menos que conocer los efectos negativos de una educación severa y demasiado exigente, centrada en los errores y la falta de reconocimiento del éxito.

Estudio Preliminar

Un grupo de investigadores realizó una encuesta partiendo de la hipótesis siguiente:

"Los progenitores que usan ásperas reprimendas contra sus hijos, pueden también estarles cargando de ansiedades, que podrán durar toda la vida."

Dicha encuesta se administró a 4000 adultos de distintas edades. Está recogía información sobre recuerdos infantiles de los entrevistados. Por otro lado, se recogió información sobre el estado de salud física y mental de los mismos. Posteriormente se correlacionaron los dos grupos de datos.

Resultados de las Encuestas

Al analizar los resultados obtenidos mediante correlaciones, se halló que los adultos que habían tenido padres autoritarios habían tenido más dificultades para adaptarse a las adversidades a lo largo de la vida.

El Experimento

Antes de empezar con la explicación del experimento, debemos entender los siguientes contenidos teóricos sobre qué hace nuestro cerebro cuando nos equivocamos:

Nuestra corteza prefrontal medial genera un patrón de señales eléctricas predecible. A este patrón se le conoce como Negatividad Asociada a Error (NAE). Este grupo de señales es producida por el cerebro para avisar al sujeto, con el fin de que este preste atención para poder “encarrilar” de nuevo la acción, evitando así nuevos errores.

Existen pruebas de que la carga genética juega un papel muy importante en la expresión de estos patrones de NAE, pero el siguiente experimento demuestra que el factor genético no es determinante.

En un trabajo más reciente, el investigador y psicólogo clínico Greg Hajcak Proudfit de la Universidad de Stony Brook, llevó a cabo el siguiente estudio longitudinal (recolección de datos de un mismo grupo de personas en dos fechas distintas y distantes en el tiempo):

El experimento lo realizaron casi 300 niños a los 3 y 6 años. En él, debían resolver un rompecabezas en compañía de sus padres. Durante el proceso, los investigadores analizaban las conductas de los padres con respecto a sus hijos. Concretamente, medían el nivel de control sobre estos y lo cariñosos que eran al corregirlo. Asimismo, se medía la Negatividad Asociada a Error en el cerebro del niño.

Antes de esto, los investigadores habían pedido a los padres que explicaran qué tipos de estrategias de ayuda o corrección suelen seguir con sus hijos.

Lo primero que se hizo al tener los datos fue comprobar que existían dos grupos diferenciados: Padres cariñosos y poco punitivos y estrictos; frente a otros que eran todo lo opuesto.

También se comprobó que los resultados obtenidos mediante los cuestionarios completados por los padres, como los resultados recogidos por los investigadores que evaluaron a los padres durante el experimento del rompecabezas coincidían. Es decir, la mayoría de padres que afirmaban tener un sistema educativo punitivo y de control, fueron también percibidos de este modo por los investigadores.

Esto último es interesante, ya que indica que la mayoría de padres son conscientes de las técnicas educativas que siguen con sus hijos.

Resultados Finales

Los niños con padres que puntuaron alto en estilo punitivo mostraron un incremento de los patrones de NAE después de tres años. Además, y lo que es más importante, también mostraban más probabilidades de sufrir signos de un Trastorno de Ansiedad.

Esto se debe, como asegura Proudfit, a que los niños expuestos a críticas parentales internalizan las respuestas cerebrales NAE, de tal manera, que estas dejan de ser un mecanismo para realizar mejor una acción, para pasar a ser un desencadenante de la ansiedad.

Dicho de otra forma, el aumento de la negatividad (NAE) que se sufre, en un principio, para mejorar en una tarea, se acaba extendiendo al resto de facetas de la vida del niño (y futuro adulto), “contaminando” su día a día.

Conclusión

En resumidas cuentas, podemos afirmar que para un saludable desarrollo y aprendizaje del niño, debemos basar nuestro sistema de educación en la ayuda (en vez de en la corrección), en un control cariñoso (no punitivo), y en especial, en centrar los ánimos en mejorar y no en criticar los errores.

Y como dijo el mismo Proudfit:

"Evidentemente, todos cometemos errores, pero si uno se castiga a sí mismo o se culpa de los propios errores más que el compañero de pupitre, tal vez ese sea el camino que lleve a un posible trastorno de ansiedad."

 

Notas del Autor:

Meyer, A., Proudfit, G.H., Bufferd, S.J., Kujawa, A.J., Laptook, R.S., Torpey, D.C., & Klein, D.N. (in press). Self-reported and observed punitive parenting prospectively predicts increased error-related negativity in six-year-old children. Journal of Abnormal Child Psychology.

Autor: Daniel Tejedor Pardo

Fuente: https://psicowisdom.wordpress.com/

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